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Secretos de Guía para principiantes sobre la cultura del Jjimjilbang y la sauna coreana en Corea

A room with a rack of skis and ski poles

Conociendo Guía para principiantes sobre la cultura del Jjimjilbang y la sauna coreana

Un jjimjilbang es el refugio social definitivo de Corea, funcionando las 24 horas como un híbrido entre spa, sauna y hotel de bajo presupuesto. Lo interesante es que por una entrada que suele rondar los 12,000 a 18,000 wones, puedes disfrutar de baños calientes, saunas medicinales y áreas para dormir en el suelo con total libertad. Personalmente, creo que El aroma de comida recién hecha llenaba el aire.

Mucho más que un simple baño público

Recuerdo que la primera vez que pisé uno fue cerca de la salida 6 de la estación de Gangnam, alrededor de las 9 de la noche. Sinceramente, iba muerto de miedo por el tema de la desnudez total en los baños, pero a nadie le importa lo más mínimo. Es como un club social donde el tiempo se detiene. El aire huele a una mezcla extraña pero agradable de madera quemada y hierbas medicinales, especialmente a artemisa. Lo que más me sorprendió —y esto es muy real— es ver a gente joven con portátiles trabajando entre sauna y sauna. ¡Es su oficina de fin de semana! El ambiente es tan relajado que, bueno, terminas olvidando que estás en un lugar público con desconocidos.

De los hornos de piedra a la relajación total

Esto de meterse en sitios calientes viene de muy atrás, de los hornos tradicionales llamados hanjeungmak. No son simples saunas eléctricas; usan piedras y arcilla para que el calor te llegue hasta los huesos. Lo que me pasó a mí fue de chiste: me metí en una sala de sal que estaba a casi 70 grados y me quedé dormido diez minutos. Desperté sudando como si hubiera corrido un maratón, pero con la piel más suave de mi vida. Lo único malo, si te soy sincero, es que las almohadas de plástico o madera que te dan son un suplicio. No entiendo cómo pueden dormir con eso. El suelo está caliente por el sistema de calefacción ondol, lo cual es una maravilla en invierno, aunque a veces te despiertas un poco “tostado”.

El ritual para sobrevivir con éxito

Para no parecer un turista totalmente perdido, hay un par de cosas que aprendí a las malas después de varias visitas. El tema de las llaves es clave: esa pulsera electrónica que te dan al entrar es tu tarjeta de crédito allí dentro; la usas para comprar comida o masajes. Y por favor, no te olvides de probar el sikhye con huevos cocidos. Es tipo el snack oficial.

  • La ducha inicial es totalmente obligatoria y debe ser a fondo antes de meterse en cualquier poza de agua.
  • El famoso “gorro de oveja” hecho con la toalla parece una tontería, pero es súper útil para que no se te sobrecaliente la cabeza.
  • Si buscas tranquilidad, evita las tardes de los sábados en sitios grandes como los de la estación de Yongsan; el ruido de los niños y las familias puede ser, pues, bastante intenso. Es tipoe momento en el que abandonas el edificio a medianoche, el aire frío de la ciudad te golpea la cara y sientes que tu cuerpo pesa la mitad. Lo mejor de todo es esa sensación de ligereza absoluta al salir. Algo que nadie te dice es es una experiencia que, aunque sea un poco chocante al principio por el choque cultural, te deja con ganas de volver cada vez que tus pies no pueden más de tanto caminar por Seúl. Toma el segundo callejón a la izquierda.

Cómo disfrutar de Guía para principiantes sobre la cultura del Jjimjilbang y la sauna coreana

Cualquier momento es bueno para entrar en un jjimjilbang, pero el truco está en saber qué buscas: si quieres paz absoluta, ve un martes por la mañana; si buscas la experiencia cultural completa, un domingo por la tarde es cuando verás a familias enteras conviviendo entre vapores y huevos cocidos. Es tipo ese refugio que nunca cierra y que te salva la vida tras un vuelo largo o una noche de fiesta intensa en Hongdae.

El refugio tras el caos del viaje

Bueno, la cosa es que estos sitios son la salvación para los viajeros con presupuesto ajustado o para quienes llegan en horarios imposibles. Recuerdo perfectamente mi primer viaje; llegué a Seoul Station a eso de las 5:00 AM con un frío que pelaba y no podía hacer el registro en mi hotel hasta la tarde. Terminé en Siloam Sauna, pagué unos 17.000 wones por la entrada nocturna y, sinceramente, fue la mejor decisión de mi vida. El contraste del aire helado de la calle con el calor húmedo de las termas… buf, indescriptible.

  • Ideal para escalas largas si aterrizas en Incheon International Airport.
  • Perfecto después de una caminata agotadora por Bukhansan.
  • La mejor cura para el cansancio tras caminar todo el día por Myeongdong. Lo que sí me sorprendió —y para mal, la verdad— es que los fines de semana por la noche pueden ser un poco ruidosos. Grupos de amigos que vienen de cenar y beber terminan durmiendo en la sala común y, bueno, si tienes el sueño ligero como yo, vas a escuchar un concierto de ronquidos inolvidable. Lo interesante es que pero incluso con eso, hay algo muy auténtico en el ambiente; ese olor a hierbas medicinales y el sonido metálico de las llaves de las taquillas chocando es puro Corea.

Tradiciones de invierno y días de fiesta

Cuando llega el invierno y las temperaturas bajan a los -10 grados, el jjimjilbang deja de ser una opción y se convierte en una necesidad básica. Es el momento de las saunas de piedra caliente. Me encanta esa sensación de entrar en una sala a 70 grados, sentir cómo se te abren los poros y luego salir corriendo a la sala de hielo para equilibrar. Es un choque térmico brutal pero te deja la piel como nueva. Una vez me quedé dormido en la sala de arcilla caliente y —madre mía— me desperté empapado en sudor pero con una energía increíble. Durante festividades grandes como Seollal o el festival de la cosecha Chuseok, la cosa cambia un poco. Es una tradición muy común que las familias vayan juntas a lavarse para empezar el año “limpios”. Fui una vez en esas fechas y estaba tan lleno que parecía una lata de sardinas. ¿Lo mejor? Ver a los niños con sus toallas enrolladas en la cabeza como si fueran orejas de oveja (el famoso yangmeori). ¿Lo peor? Las colas inmensas para comprar el Sikhye, esa bebida de arroz dulce que suele costar unos 3.500 wones. Sinceramente, aunque haya mucha gente, la vibra de comunidad que se siente es algo que no vas a encontrar en ningún spa de lujo. Solo asegúrate de llevar tu propia tarjeta para los pagos internos, porque una vez que pruebas los huevos ahumados, no vas a querer parar.

Mejor época para Guía para principiantes sobre la cultura del Jjimjilbang y la sauna coreana

El jjimjilbang es mucho más que una simple sauna; es el salón comunitario de Corea donde la gente se quita las etiquetas, las preocupaciones y el estrés por unos pocos wones. Lo curioso es que representa un espacio de sanación física y social fundamental para la identidad coreana, permitiendo una desconexión total del ritmo frenético de la ciudad en un ambiente de absoluta confianza.

Un ritual que va más allá del vapor

La primera vez que puse un pie en un jjimjilbang fue un viernes por la noche, cerca de las 11 PM, en un sitio enorme llamado Siloam Sauna cerca de la Estación de Seúl. La verdad, iba muerto de miedo. Ver a tanta gente caminando de aquí para allá con esos pijamas de algodón idénticos me pareció algo rarísimo, casi como una película, pero ese es precisamente el punto: allí todos somos iguales. No importa si eres un alto ejecutivo o un estudiante con el presupuesto justo, todos pagan entre 12,000 y 17,000 wones por disfrutar de lo mismo. Según los locales, no es que huela mal, para nada, es una mezcla embriagadora entre madera quemada, hierbas medicinales tradicionales y ese aroma dulce del sikhye (una bebida de arroz frío) que todo el mundo sorbe con pajita. Es una experiencia sensorial que te atrapa desde el vestuario. ¿Saben qué fue lo que más me impactó?、el olor.

  • El calor seco y purificador de las salas de sal del Himalaya.
  • El contraste brutal de las piscinas de agua fría que te deja la piel como nueva.
  • El famoso “huevo cocido al vapor” que sabe a gloria después de sudar media hora.

Identidad nacional y esa extraña comodidad

Corea es un país que se mueve a mil por hora, y el jjimjilbang es su freno de mano necesario. Básicamente es donde la historia se encuentra con la modernidad. Aunque hoy parezcan centros de bienestar futuristas, su raíz está en la cultura de la salud preventiva y el cuidado de la piel que los coreanos llevan en el ADN. Bueno, a ver, que no todo es perfecto. Honestamente, lo de dormir en el suelo con una almohada de madera dura me pareció una tortura al principio. no es lo más cómodo si tienes la espalda delicada y, si te toca alguien al lado que ronca como un motor, pues… buena suerte. Recuerdo ver a un grupo de señores mayores riendo a carcajadas mientras se frotaban la espalda con esas toallas verdes rugosas. Pero ahí reside la magia. Para ser sincero, me di cuenta de que para ellos no es solo higiene; es una forma de afecto y conexión humana. El ambiente cálido lo hacía acogedor. Es tipo una parte tan intrínseca de su identidad que no visitar uno es como no haber entendido cómo respira Corea realmente. Lo mejor es que abren las 24 horas, así que si alguna vez te quedas tirado sin transporte, es el refugio más acogedor y barato que vas a encontrar. ¿Qué más se puede pedir? Pues eso, una toalla enrollada como cabeza de oveja y a relajarse.

Ubicaciones populares para Guía para principiantes sobre la cultura del Jjimjilbang y la sauna coreana

Las mejores ubicaciones para vivir la experiencia del jjimjilbang van desde los pequeños negocios familiares en barrios residenciales hasta los lujosos complejos modernos en centros comerciales. Si buscas algo auténtico, cualquier sauna cerca de Seoul Station o en distritos como Mapo te ofrecerá ese ambiente vecinal único que define la vida coreana.

El alma del barrio: Saunas locales

Para sentirte como un verdadero local, tienes que buscar los carteles con el símbolo de vapor rojo en edificios antiguos de zonas como Sinchon o Daeheung. Recuerdo que la primera vez que entré en uno de estos, eran cerca de las 9 de la noche y el olor intenso a hierbas medicinales y artemisa me inundó los pulmones de inmediato. No era nada lujoso, la verdad, pero la entrada costaba solo unos 12,000 wones y las señoras mayores charlaban a gritos mientras se frotaban la espalda. Es un ambiente ruidoso pero extrañamente acogedor donde nadie te juzga.

  • Busca el icono de vapor (♨️) en los carteles de los edificios.
  • Los precios en estos lugares suelen ser de 10,000 a 14,000 wones.
  • Es el mejor lugar para probar el sikhye (bebida de arroz dulce) casero.

Donde observar la vida real

Hay sitios que, aunque son famosos, mantienen una esencia muy pura, como el clásico Siloam Sauna. Todavía me acuerdo de lo mucho que me dolió caminar por el suelo de piedra caliente en mi última visita, pero el sonido de las familias riendo y el aroma a huevos ahumados lo compensaba todo. La cosa es que estos lugares funcionan como centros sociales; ves a gente durmiendo, viendo la tele o simplemente pasando el rato. Personalmente, prefiero este caos controlado a la frialdad de un hotel. ¿Lo malo? Pues que a veces el vestuario se ve un poco viejo, pero eso es parte del encanto, ¿no?

Los nuevos centros del relax

Si prefieres algo más sofisticado y -vaya- mucho más fotogénico, tienes que ir a sitios como Aquafield en Goyang o Hanam. Fui a este último un martes a las 4 de la tarde y la piscina infinita con vistas a las montañas me dejó sin palabras. La entrada es más cara, unos 25,000 wones, y las salas de calor huelen a madera de ciprés fresca en lugar de a humedad antigua. Sinceramente, es una opción genial si el choque cultural de una sauna de barrio te intimida un poco, aunque para mí le falta ese “alma” comunitaria de los sitios pequeños.

  1. Aquafield es ideal para parejas y turistas primerizos.
  2. Dragon Hill Spa es un clásico en Yongsan, aunque suele estar muy lleno.
  3. Las saunas dentro de las terminales de autobuses son perfectas para descansar tras un viaje largo.

La importancia de Guía para principiantes sobre la cultura del Jjimjilbang y la sauna coreana

Visitar un jjimjilbang es como entrar en la sala de estar colectiva de Corea, donde lo moderno y lo tradicional se mezclan entre vapores de artemisa y suelos radiantes. Es un refugio de 24 horas donde puedes dormir, comer y sudar el estrés por unos 15,000 wones, aunque la experiencia varía muchísimo según a dónde vayas. Fui alrededor de las 3 PM.

La evolución del relax coreano

Hoy en día, estos lugares han pasado de ser simples baños públicos a convertirse en complejos de lujo. Cuando visité por primera vez el Aquafield en Starfield Suwon, allá por las 3 de la tarde, no podía creerlo. No era el típico sitio de baldosas blancas que esperaba. Ahora tienen salas de relajación con pantallas gigantes, nubes de vapor aromático y hasta máquinas de café de especialidad. Lo que más me llamó la atención —en serio— fue la limpieza extrema. Aunque, siendo honesto, a veces extraño ese olor a madera vieja y el encanto rústico de los baños de barrio, esos que no tienen tantas luces LED pero sí más alma.

  • Las taquillas modernas funcionan con pulseras electrónicas para pagar la comida y los masajes.
  • El horario de máxima afluencia suele ser después de las 7 de la tarde, cuando la gente sale de trabajar.
  • Es obligatorio ducharse a fondo antes de meterse en las pozas de agua caliente; si no lo haces, prepárate para las miradas de desaprobación.

Entre tradiciones y nuevas generaciones

Lo que más me gusta es observar cómo conviven todos en el mismo espacio. Verás a abuelos sudando en la sala de sal a 65 grados mientras los jóvenes se sacan fotos con el famoso “gorro de oveja” hecho con la toalla. Todavía recuerdo la primera vez que intenté hacérmelo y me salió fatal; una señora mayor, una ajumma, me miró, se rió un poco y me ayudó a enrollarlo bien. ¡Qué vergüenza! Pero así es esto. Los niños corren con huevos cocidos en la mano y los estudiantes universitarios matan el tiempo después de los exámenes. ¿Sabes qué es lo mejor? Nadie te juzga por andar en pijama y con el pelo revuelto. Es una comodidad absoluta.

Del bullicio de Seúl a la calma de Busan

Hay diferencias regionales que te vuelan la cabeza si te fijas bien. En Seúl, sitios clásicos como Siloam, cerca de la Estación de Seúl, están muy enfocados en viajeros que necesitan una noche barata. En cambio, si vas a Busan, tienes que ir a Spa Land en el centro comercial Shinsegae. Es tipo enorme, casi intimidante, con aguas termales naturales que brotan desde el subsuelo. La única pega —bueno, una de ellas— es que en los fines de semana hay tanta gente que apenas puedes encontrar un hueco en el suelo para tumbarte. El olor allí es distinto, más mineral, menos a hierbas. Personalmente, prefiero el silencio de las saunas de barrio en Daegu, donde el sonido del agua cayendo es lo único que escuchas y el vapor te abraza de verdad.

Qué evitar con Guía para principiantes sobre la cultura del Jjimjilbang y la sauna coreana

Para disfrutar un jjimjilbang como un local, lo más importante es dejar la vergüenza en la puerta y simplemente seguir el ritmo de los demás. Personalmente, no se trata solo de un baño público; es un ecosistema social de relajación profunda donde el silencio, la higiene extrema y la discreción son las reglas de oro que no están escritas en ningún cartel pero que todos respetan a rajatabla. Presupuesta $20-30 para la experiencia.

Un protocolo silencioso y gestos de respeto

Recuerdo perfectamente mi primera vez en un local cerca de la Estación de Seúl; eran como las 11 de la noche y el olor a maderas medicinales y vapor me golpeó nada más entrar. Lo que me sorprendió —y mucho— fue el silencio sepulcral en las zonas de descanso. Aunque no existe una costumbre de llevar regalos físicos al personal o a otros clientes, el “regalo” más valioso que puedes ofrecer es tu comportamiento impecable. Lávate a fondo antes de tocar el agua de las piscinas, es una regla innegociable. Vi a un chico entrar directamente sin pasar por la ducha y la mirada de desaprobación de los señores coreanos fue suficiente para que quisiera tragárselo la tierra.

  • Dúchate sentado en los taburetes pequeños, frotando bien cada rincón de tu cuerpo.
  • No sumerjas nunca el cabello en el agua caliente; usa una goma o la toalla para recogerlo.
  • Mantén la voz muy baja, casi en un susurro. La gente va allí a desconectar, no a escuchar tus anécdotas del viaje.

El uniforme de algodón y el arte de la toalla

Una vez que dejas las zonas de baño desnudo y te pones el “uniforme” que te dan —camiseta y pantalón corto que suelen costar unos 15.000 wones la entrada completa— pasas a las áreas comunes. Bueno, el uniforme suele ser de un color naranja o gris bastante feo, la verdad. Yo me sentía un poco ridículo al principio, como si estuviera en un campamento de verano para adultos. Pero luego ves a familias enteras y parejas con su tovalla enrollada como cabeza de oveja y se te pasa. Me tomó tres intentos fallidos y la ayuda de una señora mayor muy simpática que se reía de mis manos torpes aprender a doblar esa bendita toalla. El suelo estaba calentito por el ondol (calefacción bajo el suelo) y esa sensación en los pies… uf, es gloria pura después de caminar todo el día por Myeong-dong.

Privacidad y el tabú absoluto de las cámaras

Esto es vital: las cámaras están terminantemente prohibidas dentro de las zonas de vestuarios y baños. Ni se te ocurra sacar el móvil, aunque sea para mirar la hora. Vi a un turista recibir una reprimenda bastante seria por intentar hacerse un selfie cerca de las taquillas y se sintió una tensión horrible en el aire; la privacidad aquí es sagrada. En las zonas comunes, donde todos van vestidos, sí puedes usarlo, pero con muchísima discreción. Personalmente, me molestó un poco ver a gente haciendo videollamadas en la zona de dormir, le quita toda la magia al lugar.

  1. Respeta el espacio ajeno: si vas a dormir en las esterillas, no te expandas como si fuera tu salón.
  2. Controla el tiempo: en las saunas de calor extremo (como las de sal), no te quedes más de 15 minutos seguidos.
  3. Prueba el sikhye: es una bebida de arroz dulce tradicional que venden por unos 3.000 wones y, con el calor de las piedras, sabe mejor que cualquier refresco del mundo.