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Secretos de Temple Stay en Corea del Sur: Una guía práctica para turistas internacionales en Corea

people walking on street near brown and white building during daytime

Introducción a Temple Stay en Corea del Sur: Una guía práctica para turistas internacionales

El Temple Stay es un programa cultural único que permite a los visitantes alojarse en templos budistas tradicionales para experimentar de primera mano la vida monástica, desde la meditación hasta las ceremonias del té. En mi experiencia, no se trata solo de dormir en un sitio bonito; es una inmersión total diseñada para limpiar la mente del estrés urbano, seas religioso o no. Para ser honesto, me impresionó. Era sorprendentemente tranquilo.

El antídoto al “Ppalli-ppalli”

Honestamente, la primera vez que llegué al templo Jingwansa en las afueras de Seúl, sentí un cambio físico inmediato. Corea es famosa por su cultura “ppalli-ppalli” (rápido, rápido), donde todo es eficiencia y ruido. Cruzar la puerta del templo fue como entrar en una burbuja de silencio. Me entregaron el uniforme de los participantes —un chaleco y pantalones anchos, generalmente grises o naranjas— y, curiosamente, al ponérmelo sentí que me quitaba un peso de encima. Recuerdo estar sentado en el porche de mi habitación, mirando hacia las montañas de Bukhansan mientras el sol bajaba, y pensar: “Vaya, hace años que no escuchaba el sonido del viento en los árboles”. El aire olía intensamente a madera vieja y a incienso de pino. Es una austeridad que se siente como un lujo. Eso sí, prepárate para dormir en el suelo sobre un yo (colchón tradicional coreano); mi espalda se quejó un poco a la mañana siguiente, pero valió la pena. El aire fresco de la mañana era refrescante.

¿Relajación o Entrenamiento Espartano?

Una cosa que a veces confunde a la gente es que no todos los Temple Stays son iguales. Tienes que elegir sabiamente según tu nivel de energía:

  • Programa orientado al descanso: Tienes mucho tiempo libre. Puedes pasear, leer o meditar por tu cuenta. Ideal si estás agotado del viaje.
  • Programa experiencial: Este es el “hardcore”. Incluye levantarse a las 3:30 o 4:00 AM para los cánticos matutinos, hacer las famosas 108 postraciones (prepárate para sudar, es un ejercicio real) y fabricar linternas de loto o rosarios budistas. Yo elegí el experiencial y, aunque despertarse antes del amanecer fue brutal —te lo digo en serio, mis ojos no querían abrirse—, la atmósfera mística de la sala de oración con los monjes cantando en la oscuridad es algo que se te graba en el alma.

La comida: Un ritual en silencio

La comida del templo es famosa por ser vegana y no utilizar los “cinco vegetales picantes” (como ajo o cebolla) para no perturbar la mente. Al principio pensé que la comida sería insípida, pero me sorprendió la profundidad de sabor que consiguen con cosas simples como raíces de loto o hojas de sésamo. Lo más impactante es el Baru Gongyang, la comida formal monástica. Se come en silencio absoluto, sin desperdiciar ni un solo grano de arroz. Recuerdo estar ahí sentado, concentrado únicamente en masticar y agradecer, sintiéndome un poco torpe con los cuatro cuencos de madera pero extrañamente en paz. Lo que noté fue que es una experiencia que te hace repensar tu relación con la comida rápida. Personalmente, creo que vale la pena.

Consideraciones estacionales para Temple Stay en Corea del Sur: Una guía práctica para turistas internacionales

Si solo tienes una oportunidad para vivir esta experiencia, apunta directamente al otoño (especialmente finales de octubre) o la primavera (mayo). Lo interesante es que el clima en Corea puede ser bastante extremo —créeme, no quieres estar meditando empapado de sudor en pleno agosto ni temblando a -10°C en enero—, así que esos meses intermedios son el punto dulce donde la temperatura es perfecta, rondando los 15-20°C. Las tardes entre semana están menos llenas.

El Espectáculo Visual

Aún recuerdo vívidamente mi primera estancia en el templo Beomeosa durante el otoño. Honestamente, fue algo de otro mundo. Me levanté a las 3:30 de la madrugada para el canto matutino y, al salir de mi habitación, el aire frío y fresco me golpeó la cara de golpe —te despierta más rápido que cualquier café—, pero el olor a hojas secas mezclado con el incienso lo hacía increíblemente reconfortante. Los colores de los árboles, rojos intensos y amarillos dorados, contrastaban de una forma brutal con la madera antigua y despintada de los aleros del templo. Por otro lado, si vas en primavera, prepárate para algo totalmente diferente por el Cumpleaños de Buda (generalmente cae en mayo). Los templos se llenan de miles de linternas de loto de colores. Básicamente es ruidoso, sí, y hay mucha gente, pero ver todo el complejo iluminado solo por esas luces suaves por la noche… uff, se te pone la piel de gallina.

¿Entre semana o fin de semana?

Aquí va un consejo de amigo: si realmente buscas paz mental y esa experiencia “zen” solitaria que ves en las películas, intenta reservar entre martes y jueves. La diferencia es abismal. Una vez cometí el error de ir un sábado popular y, bueno, éramos un grupo de casi 30 personas intentando hacer las 108 postraciones juntos en un salón abarrotado; se sentía un poco como una clase de gimnasia llena de gente sudando. En cambio, cuando volví un miércoles cualquiera, éramos solo tres gatos y pude charlar con el monje tomando té (Cha Dam) durante casi una hora sin prisas ni agobios. Ten en cuenta estos factores al mirar el calendario:

  • Invierno (Diciembre-Febrero): Hace un frío que pela, pero los templos cubiertos de nieve tienen un silencio sepulcral que es mágico.
  • Verano (Junio-Agosto): Prepárate para los mosquitos y la humedad, aunque es la mejor época para ver las flores de loto en los estanques.
  • Festivos (Chuseok/Seollal): Los templos suelen estar llenos de familias locales rezando, lo cual es culturalmente interesante pero mucho menos íntimo. La cosa es que, no importa cuándo vayas, la rutina diaria te va a desafiar. Un local me explicó que levantarse antes de que salga el sol nunca es fácil, sobre todo si no eres madrugador, pero hay algo en escuchar el sonido rítmico del Moktak (ese instrumento de madera con forma de pez) rompiendo el silencio absoluto de la montaña que hace que, extrañamente, todo el esfuerzo valga la pena.

La importancia de Temple Stay en Corea del Sur: Una guía práctica para turistas internacionales

La estancia en un templo (Temple Stay) no es simplemente un alojamiento barato en la montaña, es una inmersión total en un estilo de vida que lleva siglos perfeccionándose. Básicamente, te convertirás en un monje temporal por 24 horas, vistiendo el uniforme gris, comiendo comida vegana y siguiendo un horario estricto que empieza mucho antes del amanecer.

El ritmo de la vida monástica

Lo primero que te va a chocar —y te lo digo por experiencia propia— es el horario. Personalmente, olvídate de dormir hasta tarde. En la mayoría de los templos, el día comienza a las 3:30 o 4:00 de la mañana con el Yebul, la ceremonia de canto matutina. La primera vez que escuché el Moktak (ese instrumento de madera con forma de pez) rompiendo el silencio absoluto de la madrugada, sentí una mezcla de sueño terrible y una paz extraña que no sé explicar. Lo que noté fue que el aire frío de la montaña te golpea la cara y, de repente, estás despierto. No te obligan a participar en todo, pero, sinceramente, si vas hasta allá y te quedas en la habitación, estás tirando el dinero. Las actividades suelen incluir:

  • 108 postraciones: Un ejercicio físico y mental intenso donde te arrodillas y te levantas 108 veces para limpiar tu mente de los 108 sufrimientos terrenales. Mis piernas temblaban al final, te lo juro.
  • Meditación Seon: Sentarse en silencio absoluto.
  • Conversación con el té (Dado): Mi parte favorita, donde te sientas con un monje a charlar.

Baru Gongyang: Comer con gratitud

No hay carne, ni cebolla, ni ajo. La comida en los templos es un ritual sagrado llamado Baru Gongyang. Puede sonar soso, pero el sabor limpio de las verduras de montaña es increíble. Eso sí, aquí viene la parte complicada: no puedes dejar absolutamente nada en el cuenco. Ni un grano de arroz. Fui alrededor de las 3 PM. Recuerdo estar en Jingwansa, mirando un trozo de rábano encurtido que tenía que usar para limpiar los restos de salsa de mi cuenco con agua caliente, y luego… beberme esa agua. Al principio me dio un poco de cosa, para ser honesto, pero te enseña a valorar cada ingrediente. Es parte de la filosofía de “cero desperdicio”. Entre nosotros, comemos en silencio total, y créeme, el sonido de treinta personas masticando rábano en una sala muda es una experiencia auditiva curiosa.

Etiquette y costumbres esenciales

Nada más llegar te entregarán un chaleco y pantalones muy cómodos (generalmente grises o naranjas). No tienes que preocuparte por qué ponerte. Lo que sí debes cuidar es tu comportamiento. Dentro del recinto del templo, se camina con las manos juntas sobre el pecho (Hapjang) al cruzarse con un monje o al entrar en los edificios. Desde mi punto de vista, Aquí tienes algunas reglas de oro para no desentonar:

  1. Quítate los zapatos: Siempre, sin excepción, al entrar en los salones de dharma. Fíjate en cómo los dejan los demás; las puntas deben mirar hacia afuera.
  2. Entra por los lados: Nunca entres a la sala principal por la puerta central; esa es para los monjes mayores. Usa las puertas laterales.
  3. Silencio: Hablar en voz alta está muy mal visto. La atmósfera es de introspección. Una cosa que me sorprendió gratamente es que, a pesar de la rigidez aparente, los monjes suelen tener un gran sentido del humor. No esperan que seas perfecto. Si te equivocas al hacer una reverencia, nadie te va a regañar; probablemente te sonrían y te corrijan suavemente.

¿Dónde encontrar Temple Stay en Corea del Sur: Una guía práctica para turistas internacionales?

Para ser honesto, en un país tan acelerado como este, donde todo es “palli-palli” (rápido-rápido), el Temple Stay es el antídoto perfecto para la sociedad moderna. No es solo una cuestión de religión; es una vía de escape socialmente aceptada para desconectar del estrés laboral y reencontrarse con uno mismo sin tener que irse al otro lado del mundo o gastar una fortuna.

La búsqueda del “Healing” (Sanación)

Corea del Sur es famosa por su intensidad competitiva. Sinceramente, la presión aquí puede ser sofocante a veces, y por eso el concepto de healing se ha vuelto casi una obsesión nacional. Cuando mi amigo Ji-hoon me llevó por primera vez a un templo escondido en las montañas de Gangwon-do, no entendía por qué pagaría para dormir en el suelo duro y despertarse a las 4 a.m. Pero al llegar, el silencio absoluto —solo roto por el suave sonido de las campanillas de viento de bronce— me golpeó de una manera que no esperaba. Es ese contraste brutal con el ruido de los cláxones de Seúl lo que atrae tanto a los jóvenes oficinistas como a los mayores. No buscan necesariamente iluminación divina; buscan simplemente poder respirar sin sentir culpa.

Más que religión, es identidad cultural

Hay algo profundamente arraigado en la psique coreana respecto al budismo, incluso si la persona es cristiana o atea. Los templos han sido refugios históricos durante siglos, literalmente escondidos en las montañas para protegerse de las invasiones pasadas, y esa sensación de seguridad persiste. Lo que realmente engancha a la gente local (y a mí también, debo admitir, después de probarlo) son los pequeños rituales que te obligan a bajar el ritmo y apreciar lo básico:

  • La comida del templo (Baru Gongyang): Es totalmente vegana y no usa “cinco picantes” (como ajo o cebolla). Al principio pensé, “esto no va a saber a nada”, pero estaba totalmente equivocado; el sabor limpio de las raíces de loto y las hierbas de montaña sazonadas solo con salsa de soja añeja fue una revelación.
  • El uniforme: Todos usamos esos pantalones anchos y chalecos grises o naranjas. Es curioso, pero al vestirte igual que los demás, desaparece la jerarquía social tan marcada en la ciudad. Nadie sabe si eres el jefe o el becario.
  • Las 108 postraciones: Un ejercicio físico y mental brutal. Mis piernas temblaban incontrolablemente después de la número 50, pero la claridad mental y la ligereza que sientes al terminar es extrañamente adictiva.

Una desintoxicación digital accesible

Mira, la adicción al celular aquí es real. Pero en muchos programas de Temple Stay, la señal es débil o directamente los monjes te sugieren (amablemente pero con firmeza) que guardes el teléfono. Recuerdo estar sentado en el porche de madera desgastada de un templo en Gyeongju, viendo caer la lluvia sobre los aleros curvos, y por primera vez en meses no sentí la urgencia fantasma de revisar mis notificaciones. Por unos 50,000 a 80,000 wones (aprox. En mi experiencia, $40-$60 USD) por noche, tienes alojamiento, todas las comidas y actividades culturales como la ceremonia del té incluidas. Y es sorprendentemente accesible para el bolsillo. Comparado con un hotel estándar en Gangnam, es una ganga absoluta. No es de extrañar que vea tantas parejas jóvenes viniendo aquí para citas “diferentes” o incluso empresas enviando a sus equipos para retiros de meditación. A veces, lo único que necesitas para reiniciar el sistema es aire fresco de montaña y un cuenco de arroz caliente. Hay un aroma distintivo que te envuelve.

Cómo experimentar Temple Stay en Corea del Sur: Una guía práctica para turistas internacionales como un local

Elegir el templo perfecto depende totalmente de si buscas accesibilidad inmediata o una inmersión total en la naturaleza lejos del ruido urbano. Si bien templos como Jingwansa en Seúl son increíblemente convenientes para visitas rápidas sin salir de la ciudad, la verdadera magia a menudo se esconde en las montañas de las provincias del sur, donde el silencio es casi absoluto. Honestamente, no hay una “mejor” opción única, sino la que mejor se adapte a tu tolerancia para viajar en autobús y tu necesidad de desconexión.

Clásicos imprescindibles dentro de Seúl

Si tienes poco tiempo y estás atrapado en la capital, Jingwansa es, sin duda, mi recomendación personal. Aún recuerdo la primera vez que fui; era un martes por la tarde y, sorprendentemente, no había mucha gente, solo el sonido del arroyo y algún pájaro ocasional. Está ubicado en el Parque Nacional Bukhansan, así que el aire se siente diferente, más limpio que en el centro. La comida del templo aquí es famosa por una razón: no es solo arroz y verduras, es arte culinario. La chef monja es una celebridad en su campo, y la simplicidad de los sabores me dejó pensando en esa comida durante días. Aquí hay otras opciones urbanas sólidas si Jingwansa está lleno:

  • Jogyesa: Justo en el corazón de Insadong. Es perfecto para fotos rápidas por sus coloridos farolillos, pero, siendo honesto, es un poco ruidoso para meditar profundamente debido al tráfico cercano.
  • Bongeunsa: Situado en Gangnam. La vista de la estatua gigante de Buda con los rascacielos del COEX detrás es surrealista. Fui allí de noche una vez y la iluminación es espectacular.

Joyas ocultas y aventuras regionales

Para ser honesto, las experiencias más auténticas suelen requerir un poco de sufrimiento en el transporte público. Personalmente, creo que viajar al sur vale totalmente la pena si tienes días libres. Tomé un autobús durante casi cinco horas para llegar a Mihwangsa en Haenam, conocido como el “fin de la tierra”. El viaje fue agotador, no voy a mentir. Pero ver la puesta de sol sobre el mar desde los escalones de piedra del templo… bueno, se me olvidó el dolor de espalda al instante. El olor a mar mezclado con el incienso de la tarde crea una atmósfera que simplemente no encuentras en la ciudad. Si buscas algo más activo, considera estas opciones fuera de lo común:

  1. Golgulsa (Gyeongju): Este lugar es intenso. Básicamente es el hogar del Sunmudo, un arte marcial budista. Cuando lo intenté, mis piernas temblaban tanto al día siguiente que apenas podía bajar las escaleras, pero la sensación de logro fue increíble.
  2. Guinsa (Danyang): Es tipo enorme y está encajado en un valle estrecho. La arquitectura es imponente, casi intimidante, muy diferente a los templos coreanos habituales que suelen ser más horizontales.

¿Montaña o Costa?

La mayoría de los templos coreanos están en las montañas, y hay algo en el olor a pino fresco y tierra húmeda que te calma inmediatamente. Aunque no subestimes los templos costeros. Aunque, una advertencia honesta: lugares como Haedong Yonggungsa en Busan son visualmente impactantes, pero a veces parecen un mercado turístico por la cantidad de gente. Fui un fin de semana y apenas podía caminar sin chocar con alguien. Si buscas paz real, aléjate de la costa turística masiva y busca refugio en las montañas profundas de Gangwon-do. Allí, el único ruido que escucharás será el viento en los árboles y, quizás, el sonido de tu propia respiración.

Recomendaciones de expertos

Si estás pensando que reservar una estancia en un templo es un laberinto burocrático, relájate; es mucho más sencillo de lo que parece, aunque hay un par de trucos que ojalá hubiera sabido antes de ir. La clave está en no improvisar: los templos populares se llenan rápido, especialmente en otoño cuando las montañas están preciosas, así que la espontaneidad déjala para Seúl. Definitivamente lo recomendaría.

Presupuesto y realidad: ¿Cuánto cuesta la paz mental?

Sinceramente, la primera vez que vi los precios pensé: “¿Casi 70,000 wones por dormir en el suelo?”. Personalmente, pero te digo algo: cuando estás allí, cenando esa comida vegetariana increíblemente fresca bajo las estrellas, te das cuenta de que es una ganga. La tarifa estándar suele rondar entre 50,000 y 100,000 KRW por noche, y esto te incluye todo: el uniforme cómodo (que parece un pijama gigante), las comidas y las actividades. Aún recuerdo mi estancia en Golgulsa; pagué un extra por la clase de tiro con arco y valió cada céntimo. Es tipoo sí, lleva efectivo. Aunque pagues la reserva online, si quieres comprar un recuerdo o hacer una donación extra, las tarjetas no siempre son bienvenidas en medio de la montaña.

  • Programa Experiencial: Cuesta más (~80,000 KRW), pero incluye ceremonias de té y meditación guiada.
  • Programa de Descanso: Más barato (~50,000 KRW), básicamente te dan alojamiento y comida, y tú vas a tu aire.
  • Temporada Alta: Durante el cumpleaños de Buda (mayo) o el follaje de otoño (octubre), reserva con 3 o 4 semanas de antelación.

El error de novato con el equipaje

Aquí va una confesión vergonzosa: en mi primer viaje llevé unas botas de montaña con cordones super complicados. ¡Craso error! Se podía escuchar el bullicio de los locales. Para entrar al salón principal, para ir al baño, para entrar al comedor… En un templo te quitas y te pones los zapatos literalmente treinta veces al día. Acabé harto de atar cordones mientras los monjes me esperaban pacientemente. El lugar estaba lleno de turistas y locales. La próxima vez, llévate unos zapatos tipo slip-on o sandalias cómodas que puedas ponerte en un segundo. Entre nosotros, y otra cosa que nadie te dice: aunque sea verano, en la montaña refresca. Yo pasé una noche tiritando porque pensé que con una camiseta bastaba. El aire de la montaña a las 4 de la mañana, cuando te despiertan para los cánticos, es húmedo y frío. Personalmente, creo que vale la pena.

Convivencia y “Miedo” a los Monjes

Mucha gente se pone nerviosa pensando que va a ofender a alguien, pero la realidad es mucho más relajada. La primera vez que fui, los monjes saben que eres extranjero y no esperan que seas un experto en budismo. Lo único que realmente importa es el silencio. No es un silencio incómodo, es… pacífico. La primera noche me sentí raro porque se oía hasta mi propia respiración, pero luego escuchas el sonido de los carillones de viento (punggyeong) y el crujido de la madera, y entiendes por qué hablan bajito. Simplemente sigue la corriente:

  1. Si ves a alguien haciendo una reverencia, hazla tú también (juntar las palmas es suficiente).
  2. En el comedor, no dejes ni un grano de arroz en el cuenco. Es la regla de oro: se come todo lo que se sirve.
  3. Apaga el móvil o déjalo en modo avión. De verdad, el mundo no se va a acabar si desconectas 24 horas. Desde mi punto de vista, El ambiente cálido lo hacía acogedor.

Qué evitar con Temple Stay en Corea del Sur: Una guía práctica para turistas internacionales

Mucha gente llega pensando que un Temple Stay es simplemente un hotel barato con disfraces divertidos, pero, ¡vaya error! No es un alojamiento turístico estándar, es un retiro espiritual donde tú te adaptas estrictamente a su horario, no al revés. Si tu plan incluye salir de fiesta por la noche y volver tarde, mejor ahórrate el mal trago y busca un motel en la ciudad.

El mito del “servicio a la habitación”

Recuerdo claramente mi primera noche en el templo Jingwansa; llegué con la ingenua idea de que podría escabullirme a una tienda de conveniencia si me daba hambre después de la cena. Gran error. A las 9:00 PM, las luces se apagan y el silencio es tan absoluto que puedes escuchar tu propia respiración. Entre nosotros, no hay Wi-Fi rápido, ni snacks de medianoche. Honestamente, la primera noche fue dura. El suelo radiante (ondol) estaba ardiendo y la almohada rellena de cáscaras de trigo sarraceno me pareció una roca al principio. Tienes que mentalizarte: vienes a vaciar la mente, no a llenar el estómago de patatas fritas. Bueno, al menos el aire fresco de la montaña a las 4 de la mañana compensa el dolor de espalda. En mi opinión, Mejor visitar por la mañana, como a las 10.

Ropa inadecuada y el “ruido visual”

Un fallo clásico que veo siempre..、turistas entrando al recinto sagrado en pantalones cortos o camisetas de tirantes. Es una falta de respeto enorme, de verdad. En los templos coreanos, tus hombros y rodillas deben estar cubiertos siempre, sin excepciones. Una vez vi a un grupo de extranjeros en leggings ajustados siendo detenidos amablemente pero con firmeza por un monje mayor; les entregaron esos pantalones anchos grises que todos usamos. Lleva calcetines limpios y sin agujeros, porque te quitarás los zapatos constantemente al entrar a cualquier sala. Cosas que te marcarán como el “turista irrespetuoso”:

  • Hablar fuerte o reírse a carcajadas en los pasillos (el silencio es oro aquí).
  • Beber alcohol o fumar dentro del recinto (está estrictamente prohibido, ni lo intentes).
  • Sacar fotos a los monjes de frente sin pedir permiso explícito.
  • Sentarse con las piernas estiradas hacia la estatua de Buda (siéntate con las piernas cruzadas o de rodillas).

La prueba de fuego del Baru Gongyang

La comida del templo es deliciosa, fresca y saludable, pero la etiqueta… uff, eso es otra historia. La regla de oro es “cero desperdicio”、no se deja ni un solo grano de arroz en el cuenco. Yo casi vomito la primera vez, no voy a mentir. La idea de beber el agua turbia con restos de salsa de soja me revolvía el estómago, pero es parte esencial de la práctica budista. Tienes que usar un trozo de kimchi y agua tibia para limpiar tu cuenco al final y, sí, bebértelo todo. Mi consejo: sírvete porciones muy pequeñas al principio. Es mucho mejor repetir si te quedas con hambre que tener que forzarte a tragar sobras aguadas bajo la mirada atenta y silenciosa de todo el comedor.