Conociendo Navegando por los mercados de mariscos coreanos: Guía turística de mariscos frescos y sashimi
Visitar un mercado de mariscos en Corea, ya sea el gigantesco Noryangjin en Seúl o el icónico Jagalchi en Busan, es una experiencia sensorial intensa que va mucho más allá de simplemente hacer la compra; es sumergirse en el corazón de la cultura culinaria coreana donde tú eliges tu cena mientras aún nada en el tanque. La primera vez que fui, básicamente, compras el pescado vivo en la planta baja, regateas un poco el precio, y luego subes al segundo piso o vas a un edificio anexo donde te preparan el pescado fresco (Hoe) al momento para comerlo con soju, salsas picantes y un guiso hirviendo al final. Personalmente, creo que vale la pena.
El caos organizado de Noryangjin
Honestamente, la primera vez que pisé Noryangjin, me sentí un poco intimidado por la magnitud del lugar. Fui un viernes por la noche, cerca de las 7 PM, y el ambiente era eléctrico. El suelo siempre está mojado, así que ten cuidado si llevas sandalias o zapatos de tela (yo aprendí esto por las malas). Los vendedores te gritan precios y te invitan a mirar sus tanques llenos de peces planos, cangrejos rey y pulpos que intentan escapar. No es como un restaurante elegante; aquí hay gritos, agua salpicando y un olor a mar que te golpea en la cara de la mejor manera posible. Lo curioso es que, aunque parece un caos, hay un sistema muy claro. Tú eliges el pescado, ves cómo lo pesan —asegúrate de que escurran el agua de la red antes de pesar, ¡un truco clásico!— y luego un “corredor” te lleva al restaurante.
Del tanque a la mesa: El sistema de ‘Chojang-jip’
Una cosa que suele confundir a los viajeros es que pagas dos veces: una por el pescado al vendedor y otra al restaurante por el “espacio y condimentos”. Esto se llama Sang-charim bi y suele costar entre 4,000 y 6,000 wones por persona. Personalmente, creo que vale totalmente la pena porque te ahorras el lío de limpiar el pescado. La forma de comer el Hoe es distinta a la del sashimi japonés; aquí la textura masticable es lo que se valora. Aquí tienes lo básico para sobrevivir a la mesa:
- Ssam (Envolturas): Toma una hoja de lechuga o de perilla (sésamo), pon un trozo de pescado, un poco de ajo crudo y ssamjang. Es una explosión de sabor.
- Chogochujang: Olvídate de la salsa de soja por un segundo. Es comota salsa roja de pimiento con vinagre es ácida y picante, perfecta para cortar la grasa del pescado. A mí me gusta mucho más que la soja.
- Maeuntang: Al final, pide este guiso picante hecho con las espinas de tu pescado. Con un tazón de arroz, es el cierre perfecto.
Jagalchi y la energía de las Ajummas
Si bajas al sur, a Busan, el mercado de Jagalchi tiene una vibra totalmente diferente, mucho más ruda y “auténtica”. Es tipotá justo en el puerto, así que literalmente ves los barcos descargando. Lo que más recuerdo de Jagalchi son las “Ajummas” (señoras mayores) que manejan los puestos. Tienen un carácter fuerte y hablan en un dialecto de Busan (Satoori) que suena casi como si estuvieran discutiendo, pero en realidad son súper cálidas. Una vez intenté regatear demasiado con una señora y ella simplemente se rió y me dio un pepino de mar extra como “servicio” (gratis) para que me callara. La vista al mar desde el edificio de Jagalchi mientras comes anguila asada o pescado crudo es algo que no tiene precio, aunque el viento marino puede ser bastante frío en invierno.
Guía de Navegando por los mercados de mariscos coreanos: Guía turística de mariscos frescos y sashimi
Para ir directo al grano, los reyes indiscutibles son el Mercado Noryangjin en Seúl y el Mercado Jagalchi en Busan, donde encontrarás la mayor variedad de todo el país. Pero, honestamente, si quieres evitar las multitudes turísticas y pagar menos, los mercados locales como Garak o los puestos en ciudades costeras como Sokcho son donde realmente comen los locales sin dejarse el sueldo. Desde mi punto de vista,
Los gigantes del marisco: Seúl y Busan
Hablemos claro, tu primera parada probablemente será Noryangjin Fisheries Wholesale Market en Seúl. Recuerdo vivamente la primera vez que fui; eran casi las 5 de la mañana y el caos de la subasta de atún era ensordecedor, una locura absoluta. El olor a mar es intenso, te golpea en la cara nada más salir de la Es tipotación Noryangjin (Línea 1 y 9). Aunque, tengo que admitir algo: desde que se mudaron al edificio nuevo y brillante, se siente un poco… aséptico, ¿sabes? Ya no tiene ese encanto sucio y auténtico de antes, aunque es mucho más limpio. Si bajas a Busan, el Mercado Jagalchi es otro rollo totalmente diferente. Allí, las “Jagalchi Ajummas” (las vendedoras) tienen una energía que te intimida y te encanta a la vez mientras te gritan “Oiso, boiso, saiso” (¡Ven, mira, compra!).
Joyas ocultas y el encanto local
Si eres como yo y prefieres sitios donde no te intenten cobrar “precio de turista” a la primera de cambio, tienes que salirte un poco del mapa. Personalmente, prefiero mil veces el Mercado Garak en el sureste de Seúl. Es enorme, un poco laberíntico, pero los precios son notablemente mejores. Recuerdo haber comprado un plato enorme de Hoe (sashimi coreano) por solo 30,000 wones un martes por la tarde, cuando apenas había gente y solo se escuchaba el zumbido de los filtros de agua. La frescura era increíble, la carne del pescado todavía estaba firme y dulce en la boca. Aquí tienes mis recomendaciones personales si buscas algo diferente a lo habitual:
- Mapo Agricultural & Marine Products Market: Básicamente está cerca del Estadio de la Copa del Mundo. Es mucho más tranquilo y los vendedores suelen ser más pacientes si no hablas coreano fluido.
- Sokcho Tourist & Fishery Market: Si viajas a la costa este, sus callejones de marisco subterráneos son una joya. El cangrejo rojo allí es espectacular.
- Mercado tradicional de Incheon: A solo una hora de Seúl en metro, ofrece una vibra portuaria muy genuina y precios de mayorista.
Restaurantes modernos vs. La experiencia plástica
Vale, a veces no te apetece negociar el precio de un pulpo con una señora que lleva un cuchillo gigante, lo entiendo perfectamente. Últimamente han surgido muchos “Bares de Sashimi” modernos en zonas como Hongdae o Gangnam. Son limpios, tienen menús en inglés y aire acondicionado, pero… sinceramente, les falta alma. La última vez que fui a uno de estos sitios de moda con unos amigos, la comida estaba bien, correcta, pero no sentí esa conexión eléctrica que sientes al comer en una mesa de plástico tambaleante en el mercado. En el mercado, cuando te sirven la sopa picante (Maeuntang) hirviendo al final de la comida, con el vapor empañándote las gafas y el ruido de la gente bebiendo soju de fondo, sientes que realmente estás viviendo Corea. Es ruidoso, un poco caótico y a veces te manchas la camisa, pero esa es exactamente la gracia.
¿Por qué es importante Navegando por los mercados de mariscos coreanos: Guía turística de mariscos frescos y sashimi?
Sí, hace un frío que pela, pero el pescado está en su punto más graso y delicioso. Para ser directos: si buscas el sabor más intenso y la mejor textura en el pescado crudo, tienes que venir en invierno. En cuanto a la hora, depende totalmente de tu vibra: ¿quieres caos y autenticidad pura? Ve a la subasta del amanecer. Lo interesante es que ¿Quieres cenar relajado con una cerveza?、ve al atardecer. Toma el segundo callejón a la izquierda.
El Encanto de las Es tipotaciones: ¿Qué comer y cuándo?
Sinceramente, mi mejor recuerdo culinario en Corea fue en un Noryangjin helado a mediados de enero. Hacía tanto frío, unos -10°C, que se me congelaban las pestañas, pero probar el Bangeo (pez de cola amarilla) en esa época te cambia la vida. La carne es tan grasa y rica que parece mantequilla deshaciéndose en la boca. De verdad, no tiene nada que ver con comerlo en verano. En cambio, si vas en otoño, el olor a Jeoneo asado en las parrillas callejeras es hipnotizante; hay un dicho que dice que su aroma es capaz de hacer volver a casa a la nuera que huyó. Y no bromean, huele increíble. Aquí te dejo mis favoritos personales por temporada para que no falles:
- Invierno (Dic-Feb): Definitivamente Bangeo y Cangrejo de las nieves. Los precios suben un poco, tal vez 50.000 - 80.000 wones por un plato grande, pero la calidad es top.
- Otoño (Sep-Nov): Gambas gigantes y Jeoneo. Es la época perfecta si no te gusta el frío extremo y quieres sentarte afuera.
- Primavera (Mar-May): Cangrejo real (King Crab), que suele estar lleno de carne y huevas en esta época.
¿Madrugar o Trasnochar? El dilema del viajero
Te cuento algo: estaba bien, ya sabes, normal… La primera vez que fui al Mercado Jagalchi en Busan, cometí el error de ir a las 10 de la mañana. pero faltaba algo. Un amigo local me dijo: “No, no, tienes que ir a las 5 AM”. Fue mejor de lo que esperaba. Así que, con mucho sueño y un café en mano, volví al día siguiente antes del amanecer. ¡Qué diferencia brutal! Me sorprendió que el ambiente es eléctrico, con los subastadores gritando precios a una velocidad incomprensible y pescados saltando por todos lados. El olor a mar es intenso, casi abrumador al principio, y tienes que esquivar charcos de agua y carretillas a toda velocidad, pero te sientes vivo. Si no eres de madrugar (te entiendo perfectamente), no te preocupes. La mayoría prefiere ir a cenar. Mejor visitar por la mañana, como a las 10.
- Hora de la subasta (3 AM - 5 AM): Solo para valientes y fotógrafos. Cuidado donde pisas, ¡los trabajadores no paran por nadie!
- Almuerzo (11 AM - 14 PM): Mucho más tranquilo, los vendedores tienen más paciencia para explicarte qué es cada bicho raro en los tanques.
- Cena (18 PM en adelante): El mejor momento para subir a los restaurantes de la segunda planta (“chodjang-jip”) y disfrutar del pescado que acabas de comprar abajo con un poco de soju.
Festivales y Locura Colectiva
Si puedes planear tu viaje para octubre, intenta coincidir con el Festival Jagalchi en Busan. Es una fiesta total. Recuerdo ver concursos de agarrar anguilas resbaladizas con las manos desnudas y, bueno, terminé riéndome a carcajadas con unos ancianos coreanos en una mesa compartida mientras comíamos pescado frito. Básicamente eso sí, prepárate para las multitudes; caminar por ahí se vuelve un deporte de contacto, pero la energía festiva y la música trot a todo volumen hacen que valga la pena cada empujón. Era sorprendentemente tranquilo. La entrada es gratis.
Cuándo experimentar Navegando por los mercados de mariscos coreanos: Guía turística de mariscos frescos y sashimi
Explorar los mercados de mariscos en Corea no es solo una parada para comer; es sumergirse de cabeza en el corazón palpitante de la cultura local, donde la frescura del océano se encuentra con la energía incesante de la ciudad. Un local me explicó que si buscas entender verdaderamente cómo viven, comen y socializan los coreanos, estos mercados ofrecen una ventana sin filtros a su vida cotidiana que ningún museo podría replicar.
Fama Mundial y Caos Delicioso
Sinceramente, creo que la explosión del K-Food a nivel mundial ha cambiado todo. La primera vez que fui, antes, lugares como Noryangjin eran territorio casi exclusivo de locales y mayoristas gritando subastas a las 4 de la mañana, pero ahora… bueno, es diferente. La última vez que fui, vi a más turistas con cámaras que a locales comprando para la cena. Es fascinante ver cómo programas de Netflix y YouTubers de comida han convertido estos pasillos húmedos y ruidosos en destinos de peregrinación. Recuerdo la primera vez que pisé el mercado de Jagalchi en Busan; el olor a salitre te golpea la cara antes de que veas el edificio, y el sonido de las “ajummas” (señoras mayores) regateando es, francamente, ensordecedor pero encantador. Aun así, la autenticidad golpea fuerte. Básicamente esa energía cruda es algo que simplemente no puedes fingir.
El Ritual Social del Sashimi
Aquí la comida es la excusa perfecta para reunirse. Comer ‘Hoe’ (sashimi coreano) rara vez es una actividad solitaria; es un deporte de equipo. He pasado noches increíbles sentado en mesas de plástico tambaleantes, rodeado de amigos, compartiendo un plato gigante de pescado crudo que apenas costó 30,000 wones. La dinámica es única: Notarás el olor a incienso al entrar.
- El Soju es obligatorio: Bueno, no obligatorio por ley, pero verás botellas verdes en cada mesa.
- Compartir es vivir: Nadie pide su propio plato; todo va al centro.
- Ruido alegre: Olvídate de los susurros de un restaurante de lujo; aquí se grita, se ríe y se brinda fuerte. , para mí, esta atmósfera ruidosa supera mil veces a cualquier restaurante elegante de Gangnam. Lo interesante es que hay una honestidad en ver cómo el pescado pasa del tanque a tu plato en cuestión de minutos que te hace sentir parte de algo real.
Saludable, Pero Sobre Todo, Adictivo
No es solo que el pescado sea bajo en grasas o rico en omega-3 (que lo es), es la sensación de comer algo que estaba nadando hace diez minutos. Cuando pruebas un trozo de dorada envuelto en una hoja de sésamo con ajo y un poco de chojang (salsa de pimienta picante y vinagre), te das cuenta de la diferencia. Más allá de la fiesta, hay un componente de bienestar que los coreanos valoran muchísimo. Personalmente, me sentí increíblemente ligero después de un festín allí, a diferencia de cuando como barbacoa coreana, que a veces te deja en coma alimenticio. Aunque, te confieso algo: la primera vez me dio un poco de reparo ver el pescado moverse un poco en el plato… pero el sabor es tan fresco que se te olvida rápido. Según los locales, es esa mezcla de textura firme y sabor limpio lo que hace que la gente vuelva cada fin de semana.
Los mejores lugares para Navegando por los mercados de mariscos coreanos: Guía turística de mariscos frescos y sashimi
Si buscas la experiencia más auténtica y visceral en Corea, tienes que perderte en un mercado de pescado; es ruidoso, huele a mar por todas partes y, sinceramente, es donde mejor se come si te gusta el marisco fresco. No esperes manteles blancos ni silencio, aquí se viene a negociar con las dueñas de los puestos, a señalar ese pez que todavía aletea y a subir a la planta de arriba para devorarlo en el acto.
El caos organizado de Noryangjin y Jagalchi
Todavía recuerdo la primera vez que entré al mercado de Noryangjin en Seúl. Eran las 5 de la tarde y el olor a salitre me golpeó nada más salir de la estación. El suelo siempre está mojado —ojo con resbalar, lleva zapatillas cómodas— y los vendedores gritan sus ofertas con una energía que te despierta más que un café doble. La verdad, al principio me sentí un poco intimidado. Hay cientos de tanques con peces que ni siquiera sabía que existían, pulpos intentando escaparse y cangrejos gigantes que parecen de otro planeta. Bueno, tampoco hace falta regatear agresivamente, pero pedir un poco de “service” (gratis) es casi obligatorio. Lo que nadie te dice es que hay una regla no escrita: no te quedes con el primer precio. Lo que noté fue que cuando compré un par de platijas (flatfish) por unos 30,000 wones, la señora me echó un puñado de gambas extra solo porque le sonreí y chapurree algo en coreano. Esa conexión humana, entre el ruido y el caos, es lo que hace que esto sea especial. La entrada es gratis.
Del tanque a la mesa: Cómo pedir sin perderse
El sistema aquí es único y puede confundir un poco si no vas preparado. Básicamente, compras el pescado en la planta baja y luego te llevan (o te indican) a un restaurante en la planta superior o en un edificio anexo para que te lo preparen. Ten en cuenta estos puntos para que no te pillen desprevenido:
- La tarifa de mesa (Sangcharim-bi): Aparte del precio del pescado, pagarás unos 4,000 a 6,000 wones por persona en el restaurante solo por sentarte y por las salsas/verduras.
- El peso de la cesta: Fíjate bien cuando pesen tu pescado. A veces usan cestas que retienen agua. Honestamente, no pasa mucho hoy en día, pero yo siempre miro de reojo por si acaso.
- Maeuntang es obligatorio: No te vayas sin pedir esta sopa picante de pescado hecha con las espinas y la cabeza de lo que acabas de comer. Cuesta unos 10,000 wones extra, pero es el broche de oro. Personalmente, prefiero ir entre semana si puedo. Los fines de semana aquello es una locura de gente y a veces los camareros van tan estresados que el servicio se resiente un poco. Pero bueno, eso también es parte del encanto, ¿no? La entrada es gratis.
Comiendo Hoe como un verdadero local
Aquí viene la gran diferencia: el Hoe (sashimi coreano) no es como el japonés. Mientras que en Japón buscan que el pescado se deshaga en la boca, en Corea nos encanta que tenga textura, que sea masticable (chewy). La primera vez que probé el pulpo vivo (Sannakji), se me pegó al paladar y casi me da algo del susto, pero oye, estaba fresquísimo. La primera vez que fui, aquí la estrella es el Chojang (una salsa roja picante y avinagrada). Y por favor, olvídate de mojarlo solo en soja y wasabi. La combinación ganadora para mí es coger una hoja de sésamo, poner un trozo de pescado bañado en Chojang, un poco de ajo crudo —si te atreves con el aliento luego— y un toque de pimiento verde. Es una explosión de sabor que, sinceramente, le da mil vueltas a cualquier sushi de supermercado. A veces pienso que solo viajo a Busan para repetir esa cena en Jagalchi mirando al mar.